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LA REBELION DE MANCO INCA


En 1536, Manco Inca o Manco II inició la guerra contra los invasores españoles, según nuestra historia, pero, después de 8 meses de sangrientas batallas fue derrotado por los españoles y sus tribus aliadas (los antiguos domin ados de del Incas). La retirada era inevitable, por lo que Manco disolvió la totalidad de su ejército, para que los guerreros pudieran retornar a sus familias y dedicar su tiempo a la agricultura.

 

 


 

 

La guerra sangrienta entre Incas y españoles continuaba. Manco fue asesinado en 1545 por Diego de Almagro (compañero de Pizarro y la conquista)

 

Manco Inca fue uno de los más de 600 hijos de Huayna Cápac, probablemente nació en 1515, en Cusco. Cuando las tropas de Atahualpa tomaron dicha ciudad bajo el mando del general Quisquis, mataron a los descendientes de Huayna Cápac, a los partidarios de Huáscar y todo aquél que pudiera intentar tomar el lugar del Inca. Por esta razón Manco Inca se vio obligado a huir evitando cualquier contacto con los atahualpistas.

 

El 14 de noviembre de 1533 encontró a Francisco Pizarro y su contingente tanto inca como español. Éste y otros hechos como la matanza de Atahualpa llevaron a Manco Inca a creer que los españoles eran "salvadores" enviados por los dioses.  Al presentarse a Pizarro éste le respondió: "Has de saber que yo vine con el único propósito de protegerte y liberarte de esta gente de Quito, podeis creer que yo no vengo en provecho mío.

 

En la mañana del sábado 15 de noviembre, día de San Eugenio, las tropas hispano-indígenas ingresaron a la capital (Cusco) por el cerro de Carmenca (actual barrio de San Blas) para luego bajar por un camino que llevaba a un río y que posteriormente bautizaron como "El callejón de la Conquista" o "La calle de los Conquistadores". Tras saquear el Coricancha, los templos y palacios más importantes del Cuzco, Francisco Pizarro coronó a Manco Inca como Sapa inca.

 




Bajo el vasallaje español


Una vez nombrado, Manco Inca solicitó a Pizarro que le dé permiso para organizar un ejército que combatiera a las tropas del general atahualpista Quisquis, Pizarro, además de darle el permiso, lo apoyó con caballos y soldados españoles. Unos espías informaron a Manco Inca de las intenciones de las tropas de Quisquis para atacar Jauja, dándole la opción de enviar justo a tiempo a su ejército bajo el mando de su hermano; Paullu Inca. Tras la batalla, Quisquis y sus guerreros se vieron obligados a retirarse hacia Tarma. Sin embargo, fueron expulsados también de Tarma ya que sus habitantes eran huascaristas. Finalmente, Quisquis fue asesinado por sus propios soldados quienes se negaban a seguir combatiendo a los españoles.




Comienza la guerra

 

Manco Inca, aliado de los españoles para perseguir a los homicidas de su familia, los generales atahualpistas levantados contra los españoles como Apo Quisquiz, el prisionero Calcuchimac, que aun en prisión logro dar muerte al primer rey títere de los españoles su hermano Tupac Huallpa, (el Toparpa de las crónicas) y Rumiñaui fue testigo de la para el conveniente desaparición y exterminio de sus enemigos. Empresa a la que el dio con su influencia y apoyo militar feliz conclusión.


Manco Inca, completamente ignorante de la política de engaño y perfidia españolas, educado para la verdad y para considerar como verdaderas las afirmaciones de su semejante, era por entonces un muy joven y dócil borrego en el redil español. Fue coronado por el mismo Francisco Pizarro como nuevo rey o Inca títere con el nombre de Manco Capac II y casi de inmediato vio con consternación como su castillo de fantasía se desvanecía en el aire.


Para un español este indio con ínfulas de rey no podía ser objeto ni siquiera de respeto; estaban demasiado abocados a la explotación inmediata de las que ya para ellos eran sus tierras y riquezas y Manco Inca no hacía más que estorbar y quitarles el tiempo con ceremonias ridículas. Se aposentaron cómodamente, tomaron las mujeres que quisieron y le colocaron, en más de una ocasión, en ridículo frente a los suyos.




Por más que los Pizarro, sagaces políticos, intentaran para guardar las apariencias y evitar problemas, tratar convenientemente a Manco Inca, un europeo español del siglo XVI sin cultura, valiente y rudo no podía guardar ni la más mínima ceremonia ni la afectación de una cultura que no podía ni quería entender, y mucho menos apreciar.


Dada esta situación Manco Inca no necesito de mucha inteligencia para entenderla y considerarla en toda su gravedad y complejidad.

Primero: era un rey ficticio a los que los españoles y sus sirvientes indios no guardaban el respeto más mínimo.
Segundo: era en realidad un prisionero al que los españoles impedían salir de la ciudad del Cuzco primero por obtener más noticias de tesoros y segundo por temor a un remoto pero posible levantamiento.
Tercero: era solo cuestión de tiempo para que fuera asesinado después de haberles dado todo lo que quisieran y después de la llegada de refuerzos que ya estaban en alta mar aproximándose al que ya era en efecto el “reino español del Perú.”
Cuarto: los tesoros obtenidos hasta ahora por los españoles les eran insuficientes ya que muchos habían quedado descontentos con los repartos y habían violentas discusiones entre ellos. Los insistentes y groseros requerimientos que le hacían sobre el paradero de templos y lugares supuestamente escondidos cargados de tesoros le habían demostrado que aquí residía la clave de su perdición. Y el tiempo le daría la razón.



 

La Rebelión


Manco Inca tomo entonces el único camino que le quedaba: el de levantar una rebelión armada. Si iba a morir lo haría al menos en la búsqueda de una solución definitiva al problema planteado por los invasores hispanos. Primero derrotaría a los españoles, los tomaría prisioneros y los convertiría en siervos suyos.

Con esto en mente Manco Inca tenía que demostrar ser un buen alumno de los españoles. Tendría que mentir sagazmente, como ellos, para lograr escapar y dar forma con su presencia a la guerra de liberación.

Escogió el momento preciso que fue la división de fuerzas hispanas que la expedición de Chile por Almagro y la fundación de Lima en 1535 habían ocasionado; pero a su vez considero con preocupación que los españoles poseían muchos partidarios nobles del Cuzco supuestamente favorecidos por tierras y demás privilegios y que los acompañaban en sus campañas de saqueo. Nobles tan importantes e influyentes como Pascac Inca, hermano de Huayna Capac y su mismo hermano Paullo Inca. Ambos fueron fieles a la corona de España hasta el final.


Después de un fallido intento de fuga perdió los pocos privilegios que le quedaban. Fue encadenado y confinado a una inmunda mazmorra, fue objeto de vejámenes sin nombre e insultos de toda clase hasta que la llegada de Hernando Pizarro con nuevas fuerzas y bríos vino a sacarle de su desesperada situación.

Hábilmente no se mostro resentido sino resignado, se gano la confianza de Hernando Pizarro quien lo considero inofensivo y hasta digno de piedad. Además podría serle muy útil ya que tenía mucha gente ansiosa por hacerse de tesoros y debía complacerlos. Las noticias de Manco Inca, que había mucho mas oro por tomar, le convenció de librarlo de las cadenas y tratarlo con deferencia.

Fue en ese momento que Hernando Pizarro comete el más grande error que español alguno comete en la Conquista de las Américas: libera al inofensivo Manco Inca que al mostrarle una estatua de tamaño real de Viracocha, todo de oro macizo, le convenció de la veracidad de lo que decía y que como afirmaba era necesario que el mismo en persona traiga los tesoros ya que los indios que le sirven estaban bastante desconfiados.


Ciego ante su ambición y a la perfidia inesperada de este reyezuelo indio accede. El español cae completamente en la celada. El alumno había superado al maestro.

Lo que estaba lejos de imaginar es que este reyezuelo ya se había puesto en contacto con el sumo sacerdote Villac Umu que lideraba entonces la oposición y estaba presto a levantar a sus ejércitos, o lo que quedaba de ellos, y que necesitaba con urgencia un caudillo militar. Y ya lo tenían.

 

Cuando Hernando Pizarro se percato de su craso error ya era demasiado tarde.

Manco Inca había combatido al lado de los hispanos y estaba al corriente de sus efectivas tácticas y de qué forma podía neutralizarlas. Sabia del poder de la caballería española, de la resistencia del hierro y de cómo las adargas en una carga combinada podían barrer cientos de sus hombres. Pero no estaba dispuesto a dejarlos maniobrar. Sabía que el punto débil del potente caballo residía en sus patas y que los jinetes pondrían mucho cuidado en ellas. Sabía que la certeza y potencia de las hondas podía derribar a un jinete, como el mismo había visto, y que podían eliminar a los arcabuceros que demoraban demasiado entre disparo y disparo. Sabía que al contacto una espada era mas versátil y útil que una porra y que los escudos de madera y cuero podían ser tasajeados por el acero, además de las corazas y morriones. Opto entonces por imposibilitar la maniobra de la caballería y por la guerra de largo alcance gracias a sus honderos expertos y los arqueros selváticos a sus órdenes que tenían como objetivo principal a los caballos, rostros y cuellos de los españoles.

 

Con estos principios y armado con un ejército de unos 40,000 hombres efectúa el primer sitio del Cuzco en medio de las tinieblas el 3 de mayo de 1536, la mañana de la Invención de la Cruz.

 



El general Cahuide

 

Jurando morir en su defensa la hazaña de este hombre extraordinario en Sacsayhuaman dejo boquiabiertos a los españoles que pudieron verlo combatir como un león calzado con morrión, coraza de hierro espada y adarga tomadas de españoles muertos en lo alto del torreón de la fortaleza. Las crónicas españolas son elocuentes:

“no se escribe de romano alguno hacer lo que hacía y después hizo”

Y en otra:

“tenía un orejón por capitán tan valeroso, que cierto se podría escribir de él lo que de algunos romanos.”


Después de dos terribles asaltos y la muerte de Juan Pizarro y una mortandad terrible, sobre todo de nativos de ambos lados se logra el sitio de la cumbre. Sin salvación, varios guerreros incas se arrojan desde las alturas para no caer en manos de sus enemigos no sin antes arrojar sus armas con furia hacia los hispanos. Pero en lo mas álgido de la batalla, cuando se completa el cerco es cuando se puede apreciar al héroe de la jornada: Cahuide y una hazaña imborrable en el recuerdo de los españoles que pudieron verlo.


 

 

 

Cuentan que varias saetas de ballesta le habían atravesado el cuerpo y hacia tan poco caso de ellas como si no lo tocaran. Animando a sus pocos hombres en una defensa imposible y al que se acobardaba lo mataba y lo tiraba abajo y cada español que ascendía encontraba ahí mismo la muerte así que ya sin hombres, todos muertos y ganada la torre por varios puntos sabía que había sido derrotado. Se envolvió con su capa y se tiro desde lo alto muriendo en el acto. Cuentan que Hernando Pizarro se afligió mucho de no tomarlo vivo.

 

 

 

 


 

La muerte de Manco Inca

 

En 1545 (algunos sostienen que fue en 1544), Alonso de Toro, teniente gobernador de Cusco ofreció una oportunidad a los almagristas que habían traicionado a España. Les dijo que si mataban a Manco Inca les perdonaría, y así fue. Un día de 1545, en Vilcabamba 7 almagristas asesinaron a Manco Inca delante de su hijo.

 

Su hijo, Titu Cusi Yupanqui, sería más tarde cronista, y narró la muerte de su padre. Escribió el último mensaje que le dio agonizante: "No te dejes engañar con sus melosas palabras, son todas mentiras, si tú les crees te engañarán como lo hicieron conmigo". Las cabezas de los 7 españoles que asesinaron a Manco Inca fueron exhibidas en las plazas y calles de Vitcos y Vilcabamba.

 

Le sucedió su segundo hijo, Sayri Túpac Inca, quien renunció y dejó el trono a su hermano mayor (hijo mayor de Manco Inca) llamado Titu Cusi Yupanqui y cuando este murió le dejó el trono a su hermano llamado Túpac Amaru I. Los cuatro incas de Vilcabamba fueron de la familia de Manco Inca.

 

Manco fracasó en su intención de formar el espíritu de resistencia al invasor en su hijo Sayri Tupaq, que fue persuadido por su entorno político del Cusco (fiel a la corona española) para aceptar la autoridad real. Viajó a Lima y tuvo una reunión con el Virrey, quien le concedió algunos privilegios y le entregó tierras en los distritos actuales de Yucay, Urubamba, Maras y Chinchero. Aparentemente satisfecho, construyó su palacio de adobe en Yucay, muriendo en 1560, quizás envenenado por los quechuas que aún resistían al invasor.

 

Después de la muerte de Sayri Tupaq, su hermano Titu Kusi Yupanki asumió el poder. El nuevo Inca, que también ocupó Vilcabamba, admitió los comités políticos y religiosos del Cusco y Lima, a fin de conseguir un acuerdo con el Virrey. En 1568, se bautizó cristianamente, pero al poco tiempo murió debido a una enfermedad.

 

Su hermano, Tupaq Amaru, a pesar de su juventud, era de espíritu guerrero y heredó la Borla, es decir, se convirtió en el siguiente inca.

 

Los conquistadores vieron en él a un enemigo potencial, por lo que el virrey ordenó la captura del Inca enviando un ejército de casi 300 soldados, al mando de Martín Hurtado de Arbieto y el capitán Martín García Oñaz de Loyola. Sin embargo, cuando llegaron a Vilcabamba, el Inca y su familia habían huído a las profundidades del bosque.

 

Finalmente el último Monarca quechua fue capturado y llevado al Cusco junto con sus seguidores por el mismo García Oñaz de Loyola, quien luego se casaría con Beatriz Coya, la sobrina de Tupaq Amaru y heredera del Marquesado de Oropesa. Después de un juicio rápido se le sentenció a muerte, siendo decapitado en la Plaza de la gran ciudad ante la fría mirada del Virrey Toledo, el 24 de septiembre de 1572. Sus restos se guardaron en la Iglesia de Santo Domingo. Así, después de 36 años de guerra para recuperar la nación quechua, murió el último hombre de la dinastía Inca.

 

 

Fuente: wikipedia.org

 


 

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